21st February 2013

¿QUÉ NO HAY QUE COMER?

Clasificado en Dieta Anticolesterol |

why-does-unhealthy-food-taste-so-goodAPRENDE A COMER

El exceso de azúcares, dulces, grasas y alimentos fritos, contenidos en una dieta tan común como la que aparece en la fotografía, puede provocar trastornos incluso entre las personas sanas

El exceso de azúcares, dulces, grasas y alimentos fritos, contenidos en una dieta tan común como la que aparece en la fotografía, puede provocar trastornos incluso entre las personas sanas

Un exceso de azúcar y dulces, grasas (sobre todo animales) y carne es la principal causa de los numerosos trastornos relacionados con la nutrición que sufre el hombre civilizado, y especialmente de las enfermedades del corazón y el aparato circulatorio. Es bien sabido que las personas que padecen algún trastorno (hepático, digestivo, circulatorio, etc.) han de tener más cuidado con los alimentos que deben evitar que con los que deben ingerir. Durante cualquier enfermedad o convalecencia, las prohibiciones dietéticas son todavía más importantes que las recomendaciones. Y aunque muchos no lo tengan en cuenta, este principio sigue siendo totalmente válido para la gente sana. En los países desarrollados, donde los pro­blemas por falta de alimentación (tanto en cantidad como en variedad) son infrecuentes, la mayoría de los trastornos de salud relacio­nados con la dieta se deben a la so­bre alimentación en general y, más concretamente, al consumo excesi­vo de alimentos inadecuados.

El acar y los dulces

El azúcar y sus derivados, tan numerosos en la sociedad de consumo, son parte habitual de la dieta y constituyen una de las causas principales de la obesidad. Su consumo es especialmente desaconsejable durante la infancia.

El azúcar y sus derivados, tan numerosos en la sociedad de consumo, son parte habitual de la dieta y constituyen una de las causas principales de la obesidad. Su consumo es especialmente desaconsejable durante la infancia.

 

Uno de los principales defectos de la alimentación moderna es el exceso de dulces, lo que equivale a decir el exceso de azúcar blanco.
El azúcar blanco es sacarosa prácticamente pura, que únicamente suministra al organismo calorías vacías: no contiene vitaminas ni minerales, y, por supuesto, tampoco proteínas ni grasas. Sólo aporta un exceso energético que el hombre de los países desarrollados no necesita en absoluto, por lo que, debido a su generalizado consumo, es una de las principales causas de obesidad y sobrepeso.

Por otra parte, el azúcar no sólo es peligroso porque favorece la obesidad. Es bien conocida su relación con la caries dental,y se lo considera una de las causas importantes de las enfermedades cardíacas.
El azúcar se ha ido introduciendo cada vez más en la dieta a lo largo del último siglo. A mediados del siglo xix, el consumo diario medio en Inglaterra era de 35 gramos por persona, y en el año 1970 había llegado a los 144 gramos; la costumbre de endulzar toda clase de bebidas y postres (café, leche, té, yogur, etc.), así como la inclusión de azúcar en gran cantidad de productos industriales (refrescos embotellados, conservas, mermeladas, etc.) ha disparado enormemente su consumo.

Una de las más importantes medidas dietéticas de cara a una vida más sana, consiste en evitar al máximo el azúcar blanco.

Para ello, conviene sustituirlo por miel, acostumbrarse a tomar las cosas menos endulzadas (con lo cual, de paso, se aprecia mejor su sabor natural) y reducir al máximo el consumo de productos azucarados.

Las grasas y los fritosGrasas y fritos

Un gramo de grasa suministra 9 calorías (“calorías grandes”, es decir, kilocalorías), o sea más del doble que un gramo de azúcar o de fécula. De ahí el gran “poder engordante” de las grasas, inconveniente al que hay que añadir los graves trastornos cardiovasculares originados por el exceso de colesterol, que se va sedimentando en la pared interior de las arterias, disminuyendo su elasticidad y su diámetro útil (arteriosclerosis).
La formación de colesterol se debe, sobre todo, a la ingestión de grasas animales (formadas por ácidos grasos saturados), por lo que conviene moderar su uso y sustituirlas en lo posible por determinados aceites vegetales (como el de maíz), cuyos ácidos grasos poliinsaturados ayudan a reducir el colesterol.

La difundida costumbre de freír los alimentos es una de las principales causas de la ingestión excesiva de grasas. Un plato tan habitual y aparentemente inofensivo como un huevo frito con patatas fritas es una auténtica agresión al hígado, y sobrecarga de calorías vacías lo que, de otra forma (huevo pasado por agua y patatas hervidas con piel, por ejemplo), podría ser una comida sana y frugal. Para hacerse una idea del “poder engordante” de los fritos, téngase en cuenta que 100 gramos de patatas hervidas su­ministran menos de 80 calorías, mientras que 100 gramos de pata­tas fritas suministran casi 600.

La carne y el pescado caballa_pescadocarne y embutidos

Considerados durante mucho tiempo como los alimentos más valiosos y nutritivos, la carne y el pescado han sido objeto de serias críticas, en los últimos años, por parte de organismos tan autorizados co­mo la OMS y la American Medical Association, que han señalado repe­tida e insistentemente los peligros de su consumo diario, tal como es habitual en la mayoría de los países desarrollados.

Al comer carne o pescado, junto con las proteínas (las mismas que pueden obtenerse de muchos otros alimentos) se ingieren grandes can­tidades de ácidos grasos saturados (productores de colesterol, como acabamos de ver) y también de toxinas, en parte intrínsecas y en parte debidas a la contaminación que el animal ha ido absorbiendo a lo largo de toda su existencia.

 Esta "acumulación de contaminación" es especialmente importante en los grandes especímenes situados al final de una cadena alimenticia de peces que se comen unos a otros


Esta “acumulación de contaminación” es especialmente importante en los grandes especímenes situados al final de una cadena alimenticia de peces que se comen unos a otros

Van absorbiendo las toxinas (algunas, como el mercurio, ineliminables) de todos los eslabones de la cadena. Tanto es así que en Estados Unidos llegó a prohibirse la venta de pez espada (también llamado “emperador”) por su alto contenido en mercurio.

Cada vez son más los especialistas en nutrición que consideran preferible una dieta ovolactovegetariana, con exclusión de carnes y pescados, cuyas proteínas pueden suplirse ventajosamente con las de los productos lácteos, frutos secos, legumbres y huevos (sin olvidar los cereales integrales y sus derivados, que también las contienen en canti­dades relevantes).

 

Si no se llega a prescindir por completo de la carne y el pescado, es importante, al menos, reducir al máximo su consumo y dar preferencia a las carnes magras y al pescado blanco (hervidos o a la plancha), evitando especialmente las carnes y los embutidos de alto contenido graso.

 

imagen Los grandes peces situados al fina! de una cadena alimenticia van acumulando en su organismo ciertos agentes contaminantes no eliminables (como el mercurio) ingeridos por sus presas, hasta alcanzar nivel es peligrosos.

Los grandes peces situados al fina! de una cadena alimenticia van acumulando en su organismo ciertos agentes
contaminantes no eliminables (como el mercurio) ingeridos por sus presas, hasta alcanzar nivel es peligrosos.

 

Los peligros de la salsal

La sal común, es decir, el cloruro sódico, es fundamental en la dieta humana, ya que el sodio es urto de los minerales más importantes pa­ra el organismo. Sin embargo, el so­dio se halla, en el cuerpo humano, en delicado equilibrio con otros mi­nerales, concretamente el calcio y el potasio, por lo que un exceso de sodio puede ser tan perjudicial co­mo su carencia, ya que se traduce en un desequilibrio fisiológico que puede llegar a ser grave.
Y, de hecho, la difundida costum­bre de salar muchos alimentos hace que se suela ingerir más sodio del conveniente.

No sólo se añade sodio a la comida en forma de sal común, sino que además en la industria alimentaria se utiliza ampliamente el glutamato monosódico como “saborizante”.
El problema es más serio de lo que puede parecer a primera vista, ya que hay pruebas concluyentes de que varias enfermedades típicas de los países más desarrollados —como la hipertensión, las afecciones coro­narias y los infartos están relacio­nadas con un consumo demasiado elevado de sodio y, más concreta­mente, con la costumbre de tomar demasiado sodio y poco potasio.

Para evitar este problema, existen en el mercado sales de mesa formadas por una mezcla de cloruro sódico y cloruro potásico. Estas mezclas están destinadas a restablecer el equilibrio sodiopotasio, pues al usarlas se aumenta la inges­tión del segundo a la vez que se dis­minuye la del primero. Desgraciadamente, estas mezclas tienen un sabor ligeramente amargo (debido al cloruro potásico) que las hace po­co gratas al paladar, por lo que su consumo es francamente minori­tario.

La forma más sencilla y natural de solucionar el problema consiste en usar menos sal y comer abundante fruta y hortalizas, cuyo alto contenido en potasio ayuda a restablecer el equilibrio.

azucar y niños

Debido a su gran actividad y rápido consumo de energía, los niños suelen sentir deseos de comer cosas dulces

El azúcar, la sal y los niños

El consumo excesivo de sodio es mucho más grave para un niño, y sobre todo para un bebé, que para un adulto. Debido al insuficiente desarrollo de sus riñones, los bebés e hallan prácticamente indefensos frente a cantidades elevadas de sodio, mientras que los adultos pue­den eliminar gran parte del exceso de este mineral a través de la orina.
Muchos alimentos para bebés elaborados industrialmente llevan sal o glutamato monosódico, por lo que es conveniente que los padres los prueben antes de dárselos al ni­ño y los rechacen si saben salado (entre otras cosas, al bebé no le gus­ta más un alimento porque esté sa­lado; en realidad son los padres quienes lo prefieren al probarlo).
Afortunadamente, y gracias a los reiterados consejos de la OMS, ca­da vez se añade menos sal a los ali­mentos infantiles elaborados industrialmente.
En cuanto al azúcar, el problema es bastante más grave, y no parece en vías de solución.

Debido a su gran actividad y rápido consumo de energía, los niños suelen sentir deseos de comer cosas dulces. Esta tendencia, potenciada por una publicidad sin escrúpulos y estimulada mediante todo tipo de colorantes y aromatizantes destinados a excitar los sentidos del peque­ño consumidor, ha disparado hasta extremos alarmantes la cantidad de azúcar que ingieren actualmente los niños en los países más desarro­llados.
La caries dental, una de las dolencias más difundidas en el mundo civilizado, se debe casi exclusivamente al excesivo consumo de azúcar, y muy concretamente al consumo infantil. Y en Estados Unidos, donde muchos niños acompañan incluso las comidas presuntamente saladas (por ejemplo, hamburguesas o patatas fritas) con bebidas y salsas azucaradas (como los refrescos de cola y el ketchup, respectivamente), la obesidad infantil se ha convertido en un problema.

niños y fruta
La mejor manera de suministrar a los niños los azúcares necesarios para su rápido consumo energético, consiste en acostumbrarlos desde muy pequeños a comer, en lugar de golosinas, frutas frescas y jugosas, ricas en glucosa y fructosa, que además de energía les aportan los minerales y vitaminas tan necesarios para su desarrollo.

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Este artículo ha sido escrito el Thursday, February 21st, 2013 at 8:22 am y ha sido clasificado en Dieta Anticolesterol. Puedes seguir respuestas a este artículo en RSS 2.0 feed. Puedes escribir un comentario , o trackback de tu propio sitio.

Comentarios respecto a “¿QUÉ NO HAY QUE COMER?”

Tus comentarios le interesan a todo el mundo, déjanos saber que piensas....

  1. 1 El August 10th, 2013, FRANCISCA dijo:

    SI POR FAVOR ME PUEDE ENVIAR DIETA BALANCEADA PARA BAJAR DE PESO
    Y MI PREGUNTA ES QUE TAN IMPORTANTE ES INCLUIR A TU DIETA EL PESCADO

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